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Amanda Goff, periodista y prostituta, ¿Por qué no?

 

Mientras su familia y buena parte del ala conservadora de la sociedad australiana se escandaliza con el “lado oscuro” de su vida, la periodista británica Amanda Goff se relaja, desestima las críticas y se define como una “terapeuta desnuda”. No pretende hacerse responsable del pacato clamor de las mujeres que ven la encarnación del mal y la infidelidad en su figura.

 

Después de revelar, días atrás, su pasado como dama de compañía -de las que acompañan ancianas, no; de las otras- Goff asegura que, por el contrario, ayuda a sus clientes a ser “mejores maridos”.

“¿Dónde más podrían descargarse? No tienen nadie con quien hablar. De veras creo que, en algunos casos, los convierto en maridos más felices”, argumentó a los medios locales. Pero aclaró: “Un pequeño porcentaje de mis clientes son casados”. Retirada por un tiempo, no descarta volver si la cuenta bancaria y el aburrimiento la acorralan.

Necesario. Una a favor de su “confesión”: su libro venderá más de lo que pudiera imaginar. Una a favor del giro en su vida: evadir el aburrimiento. Esa es, precisamente, la razón que dio la periodista al justificar por qué en 2012 cambió medios por burdeles.

Llevaba casi 20 años de experiencia como periodista, donde se había destacado como especialista en temas de belleza y salud en programas de TV y las principales revistas inglesas, primero, y australianas, después. Aburrida en el plano profesional, con un matrimonio fallido y varios desamores a cuestas, fantaseaba con la edulcorada vida de una prostituta high class: hoteles lujosos, champagne y dinero por algo que “ya hacía gratis”.

“Creo que hacía mucho más daño cuando trabajaba como periodista de tabloides en Londres”, evaluó.

El caso de Goff no deja de llamar la atención, aunque nadie sabe a ciencia cierta por qué, y en un país cuya legislación en torno a la industria sexual es relativamente flexible. Sus declaraciones, el lanzamiento de su autobiografía, el enojo de las mujeres australianas, la furia de su exesposo y padre de sus dos hijos…

“Es una vergüenza. Ahora tendré que explicarle a mis hijos lo que está pasando”, bramó el banquero David Basha, exmarido de Amanda. Para ella, no hay nada que explicar: “Los niños no tienen ni idea de lo que pasa”. Seguramente no la tengan, con dos y cinco años, pero como buenos nativos digitales, algún día tendrán a mano el archivo de su madre.

Mientras tanto, el escándalo y un doble estándar tan viejo como el oficio. El periodístico y el otro.

Modificado por última vez enSábado, 20 Septiembre 2014 14:45

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